Abril 2011
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Hubo un tiempo y lugar en que todo lo que vivimos era aun una tendencia reversible. Lo hubo. Hoy, rumbo al 22% de desempleo, cerca de los cinco millones de parados, nadie levanta la voz.
Los bancos en vez de achicar agua esconden la basura bajo la alfombra (china), mientras el gobierno nos dice que todo va mejorando. Más de cinco millones de pisos siguen esperando comprador; cada vez hay más ruinas familiares debidas a hipotecas que persiguen de por vida como los malos espítiritus.
Esto es España, el país con el que los Jeques juegan al Fifa en vivo y los políticos creen jugar a Sim City con truquitos.
Existe una casta, esa casta política y plutócrata, para la que somos un sombra: los peones de su tablero. Lo mejor que podría decirse de nosotros es que somos… prescindibles.
Somos más y, básicamente, la fuerza que mueve este país pero todo eso ocurre porque lo permitimos día a día.
Hipotecamos nuestro futuro y el de centenares de generaciones venideras con energías y procesos productivos cuyo rastro dejará una pesadilla de tiranía para miles de años más allá de nuestra existencia.
Seremos recordados como las generaciones malditas, si es quedase algo que recordar, por los nietos de los nietos de nuestros nietos.
Si les permitimos un lugar habitable en que crecer, hablarán de nosotros con vergüenza, como con vergüenza hablamos de las épocas oscuras hoy, y recordarán con orgullo y afecto a los nuevos seres humanos, aquellos que poco a poco trabajaron con esfuerzo para imponer la razón y la lógica, la justicia y la paz social y un esquema de las cosas más justo y mejor. Hablarán de aquellos que lucharon contra una multitud titánica y se esforzaron en hacerles comprender cual era al destino tras el punto de no retorno. Aquellos que se negaron a ver la batalla perdida.
Hoy, el objetivo de nuestro “enemigo” ya ha sido cumplido, no hay vuelta atrás.
Nos han conquistado como individuos y sociedad. Nos han derrotado.
Casi medio siglo de nacional-catolicismo y cerca de otro tanto de capitalismo salvaje tenían que tener consecuencias.
Pero han olvidado lo más esencial: somos un pueblo como el fénix.
Somos el pueblo de Cádiz y la guerrilla y podemos reconquistar lo que es nuestro cuando nos venga en gana. No se a vosotros, pero a mi me preocupa lo que nos ocurra y el legado que dejemos.
No voy a dejar que me recuerden como una de esas personas que no hizo nada.
Ahora van a por la sanidad y la educación, pero habrá algo diferente: yo preferiré estar muerto antes que vivir o dejar a mis hijos el mundo que pretenden imponernos.
Nos vemos en las urnas, nos vemos en las calles.
No les votes, vamos a botarles.
¿Quién fabrica lo que compramos?
Ahora puedes saberlo.
La frase del título es un dicho habitual entre los xenófobos españoles, pero podría acabar teniendo mucha razón en el contexto económico. Así es como, finalmente, nos convertimos en Estados Unidos de América 2: con una economía que sólo puede mantenerse en pie gracias vendernos a los que creíamos nuestra fábrica.
ELPAÍS.com
Tengo una tele que no enciendo más que para cabrearme con el telediario. Pero he visto en youtube la entrevista de Buenafuente a la ministra Sinde. Independientemente de la decepción por no ver una sola pregunta sobre el asunto Wikileaks, siento una profunda decepción y la necesidad de puntualizar algunas cosas…
La cultura no es un producto, es la colección del talentos, patrones y conocimientos acumulados, a lo largo de la historia, que nos permite desarrollar nuestro juicio crítico como individuos. Recuerdo a Alex de la Iglesia cuando digo:
No somos consumidores, somos personas.La cultura, en definitiva, no es un simple objeto de consumo destinado a ser usado y desechado. Es un aporte, como dice la RAE en una de sus acepciones: un cultivo.
Un cultivo que hacemos germinar entre todos, una plantación cuyos frutos deberíamos saborear todos y cuyas semillas deberían ser esparcidas por y para todos, de nuevo, una y otra vez.
Eso significa una cultura 100% libre y eso es lo que aun no han comprendido.
A medida que los costes de producción se reducen de manera estrepitosa permitiendo que cada uno seamos director, intérprete, orquesta o distribuidor, el negocio, su negocio se estrecha y muere. Es la esencia del ser humano la que trae estos cambios. Es la propia cultura humana la que los promueve. Y mientras que esa realidad se alza cada día más innegable ellos se esfuerzan en ser correctos, en hacer política u ocio de usar y tirar (porque no ayuda, no resuelve… en definitiva no aporta).
Espero que Buenafuente recapacite, que visione su propia entrevista, que tenga la capacidad de ser crítico con su propio trabajo. Si la gente se ha sentido agraviada por una entrevista sin fondo no es porque le odien, como él parece creer, si no porque le aman, porque le consideran una parte de si mismos y de sus vidas. Porque les aporta algo, lo que sea. Porque es un poco de su cultura diaria -gratuita, por cierto-.
Y en el programa de ayer no lo fue.
¡Firma!
avaaz.org
Imagina una democracia horizontal, donde poder y responsabilidades estuviesen repartidos equitativamente, donde se nos consultase todo y pudiésemos ejercer nuestra soberanía de manera completamente compartida, de un modo rápido, seguro e individualizado.
Imagina un mundo donde combinásemos ese modelo político con un nuevo modelo de educacional en el que tuviésemos realmente en cuenta los últimos adelantos tecnológicos y los actuales conocimientos en neurociencias. Un mundo en el que se educa para la felicidad y en el cual se aprende durante toda la vida.
Imagina un mundo de cultura 100% libre, transitando por todo el globo sin la más mínima frontera, con la única pretensión de crecer y multiplicarse. Un mundo donde la ciencia y la medicina fuese DE y PARA todos, sin patentes, sin precio.
Imagina un país donde la productividad y las jornadas se ajustasen a la tecnología y donde los avances no sirviesen para despedir gente, sino para LIBERAR a la gente. Imagina un sistema económico basado en nuestros recursos, capacidades y necesidades en vez de en un incentivo sin valor, inservible y anticuado como es el dinero.
Imagina un mundo de tecnología y productos open source al servicio del ser humano… no para ser adquiridos con una fecha de caducidad, si no para ser mejorados entre todos hasta el infinito. Un mundo donde cada casa fuese independiente energéticamente y contase con una impresora 3D, donde crear -en materiales baratos y biodegradables- cada una de las cosas que soñásemos o necesitásemos y cuyos diseños se compartirían entre todos, igual que ahora compartimos información en las redes de pares.
Y ahora deja de imaginar y pasemos a la acción: estamos en el año 2011, hace ya casi medio siglo que hacer todo eso es completamente posible y, hoy más que nunca, necesario.
