La revolución del arte
[Este texto, originalmente escrito en 2005, ha sido publicado desde 2006 en los sucesivos blogs de Psicópatas Corp., si deseas difundirlo, por favor, respeta la licencia Creative Commons a la que está acogido no modificándolo y citando la fuente y el autor]
“El arte es la forma más intensa del individualismo que el mundo ha conocido.”
“A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.”
Oscar Wilde.
Sólo se crear. Es lo único que se me da realmente bien, aunque no desespero al intentar mejorar otros aspectos de mi mismo.
Sólo he tenido el sueño, desde que tengo consciencia, de reflejar de un modo u otro lo que se agolpa en mi cabeza. Escribo -de manera infructuosa- para intentar plasmar la conciencia. He surcado con colores las intenciones -porque de momento todo lo que he pintado son solo intenciones-. Fluyo para sacar de la rima el ritmo de los latidos. Algunos hicieron pequeñas fortunas a costa de vender mi trabajo como suyo.
Yo he procurado el camino de la sencillez en torno a la idea de que nada nos hace más libres y ricos que la expresión consciente de nuestro cerebro (¿alma?). Y aun soy joven.
He cometido millones de errores basados principalmente en la naturaleza sinérgica que nos gobierna. Pero el arte, la vida, se construyen de esas experiencias, tropiezos, mentiras para exponer o usurpar la belleza, locuras o quizá el ego de la creación concentrado en la espuma cuántica que nos compone…
Sólo creo en mi consciencia.
Nada me resulta más real que ella pues este mundo, esta vida, este momento, pueden ser cualquier cosa. Un sueño o la nada, una simulación, un juego de marionetas a escalas fuera de nuestra capacidad de comprensión, un valle de lágrimas rumbo a un juicio o sencillamente el todo, y por tanto, ya el paraíso.
Mi consciencia baila con la realidad, torpemente, a pisotones, intentando comprender cual es el orden de los pasos que me permitan un movimiento grácil… me temo que no es sencillo.
Vivo, vivimos, en una realidad cruel y sin posibilidad de freno, una realidad usurpada por un marabunta de inmundicia cotidiana encarnada en actos. Nos pretenden para la secta del Mammon.
Estamos encadenados a este decadente “progreso” globalizado, hecho sistema esclavista a través de grilletes de papel dinero y látigos que fustigan con colas de tres bandas magnéticas.
Todos somos un Winston Smith cualquiera, encerrados en una versión distópica, cutre y barata del mito de la caverna.
Trabajamos al servicio de la mentira universal: el consumo de sueños prefabricados, la pretensión de que vivamos vidas que no sean las nuestras o tal y como nosotros las queramos.
Pretenden robarnos la vida, NOS LA ESTÁN ARREBATANDO.
En vez de procurar que seamos válidos, independientes, conscientes o útiles nos quieren bobos y especializados como hormigas, que van por ahí sólo realizando su trabajo, chocando o -como mucho- frotando sus antenas. Se pretenden reinas para hacer de nosotros zánganos. Aspiran a convertirnos en proles o en miembros de sus partidos, sus corporaciones o sus ejércitos.
Devalúan nuestro verdadero potencial.

Yo me he cansado.
Me he deshecho del miedo atenazante de una vida sin opulencia. De la seguridad paradigmáticamente estúpida ofrecida por el TENER, para cambiarla por el DAR.
“Todo pasa. Sólo el verdadero arte es eterno.”
Gautier
Por eso solo aspiro al arte.
La realidad que nos compone, vivida desde cada uno de nosotros… es arte puro. El arte verdadero lo es todo. Cada pequeño acto añadido al mar de sucesos del universo es igual al reto de crear: desde el nacimiento de la intención, hasta el final del acto, la obra, que nos refleja finalmente. Considero mi consciencia arte. Considero la vuestra arte.
Comenzamos pintando en las paredes de la caverna, lo que nos sugerían las sombras danzantes de este mundo: formas alargadas en tonos rojizos por la iluminación del fuego. Hoy hemo vuelto, cuando los milenios de evolución han enlucido la cueva con ese cemento gris, que oculta nuestra propia naturaleza biológica, antaño a oscuras y hoy iluminada por el neón. He vuelto para pintar gritos coloridos, Titanes que nos hagan soñar, que nos den valor para que salgamos de aquí de una puñetera vez. He vuelto para contaros una verdad de la que no podáis escapar aunque matéis al mensajero.
No soy un mercenario. No tengo un precio. He venido, libremente, a compartir mi consciencia con todos vosotros por medio del arte. He venido a deciros lo que pienso y enseñar lo que expreso cada día, igual que muchos otros, porque considero que ha llegado la hora del ser humano… ha llegado la hora de la verdad articulada en la razón a través del arte de la vida, de nuestros sueños y nuestra consciencia.
No nos menospreciemos nunca, nadie sabe realmente de que va todo esto, nadie tiene respuesta para las preguntas esenciales, solo podemos aspirar a conseguir las respuestas entre todos, aportando nuestro arte, nuestra vida y trabajo, en paz, en libertad y con justicia para todos.
No lo harán los poderosos.
Cada uno de nosotros es la fuerza de lo que somos en conjunto, está en nuestras manos, en las de todos.
La revolución del arte, de la vida, está en camino. Nadie lo anunciará ni saldrá en el telediario. Muchos ni siquiera saben donde empezó o donde radica su poder… incluso yo, que vislumbro donde empieza, desconozco donde acaba.
La revolución está en el arte de la comprensión, de la empatía y la solidaridad. Está en no lugares como internet. Está en cualquier pintada de cualquier calle del planeta. Está en la selva, donde los indígenas gritan al mundo mediante los adelantos tecnológicos que nos fueron cedidos para comprar y vender más. Está en las redes de pares, que comparten con justicia, sin mirar a quien, parar compartir y crecer. Está en el poder de que seamos realmente libres de expresarnos a cualquier nivel, de crear sea cual sea el acto -artístico, laboral, social, sentimental…-, y no dudéis de que puede llegar un momento en que eso suponga una molestia para los que pretenden que no seamos más que marionetas: a pesar de ello la revolución está en camino y ya no van a poder pararla.
La revolución de un mundo de artistas, en el campo, en casa, en el trabajo, en el amor…
Porque sólo el arte queda y tú eres arte. Sólo tú decides cómo es tu composición, tu colorido o tu temática. Picasso dijo:
“Algunos pintores transforman el sol en una mancha amarilla y otros transforman una mancha amarilla en el sol”
¡Y de eso se trata!. Muchos hacen arte en la ciencia, otros en su trabajo, otros en ocio o la diplomacia… algunos hacen arte la pintura, los sonidos o las palabras.
Rechacemos a Mammon, príncipe de la codicia. Entreguemos nuestra vida al arte de crear y compartir, sea lo que sea. La revolución viene imparable y creadora, transformadora.
Hagámoslo y la felicidad será entonces nuestro camino, porque -como dicen los budistas- la felicidad no es el fin, sino el medio.
Liberémonos. Comencemos a crear. Tú eres arte, vida y revolución. ¡Cree en tu consciencia!, ¡cree en tu “yo” hecho arte!. Todos somos diferentes, irrepetibles e inigualables; nunca dejes que otros tracen tu camino. Construyamos nuestro arte independiente, hagamos de esta locura giratoria otro mundo de arte revolucionario sin final.
Deja de buscar líderes. No esperes más cambios.
Sólo TÚ eres el Mesías que estabas esperando.




