La distopía acabó (si tú quieres)

“Vuestra misión es la de someter al bendito yugo de la razón todos aquellos seres desconocidos que pueblen los demás planetas y que tal vez se encuentren en el incivil estado de la libertad. Y si estos seres no comprendieran por las buenas que les aportamos una dicha matemáticamente perfecta, deberemos y debemos obligarlos a esta vida feliz. […] Enderezaremos esta línea torcida, bárbara, convirtiéndola en tangente, en asíntota. Pues la línea del Estado único es la recta. La recta magnífica, sublime, sabia, la más sabia de todas las líneas”
Nosotros - Yevgeni Zamiatin (1921)
¿Crees que la teoría de cuerdas es acertada?. Si es así siento ser el que vaya a decírtelo, pero la evidencia me da la razón: nos ha tocado un universo bastante chungo. Podríamos haber sido cualquier cosa pero, de todas las posibilidades cuánticas a las que podíamos optar en nuestro devenir histórico e individual, hemos ido a desembocar en una que se está convirtiendo en algo parecido a nuestras peores pesadillas: la distopía ha llegado y la hemos traído entre todos.
Si has leído Nosotros, 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451, Mercaderes del espacio, Ubik, etc… sabrás de qué hablo.
Si no es así, lo resumiremos en que muchas de las previsiones más pesimistas de algunos de los mejores escritores del siglo pasado se están cumpliendo de una manera casi espeluznante: deberías empezar ahora mismo a leer a los genios del ayer si quieres comprender el mundo actual.
Nosotros, probablemente la primera de este género de visiones de un futuro bien jodido, fue escrita en el año 1921, y aun hoy se pueden extraer de ella muchas lecciones actuales sobre la opresión y la represión de ejercen las clases dirigentes.
Ideas poderosas, casi abstractas, como la Habitación 101 de la novela 1984 de G. Orwell: instancias de los edificios ministeriales del Gran Hermano, que todos hemos convenido en recrear mentalmente como un lugar de tortura donde se doblega la voluntad y la mente humana -especialmente cuando esta pretende escapar al control, el secretismo o bien cree en un orden más justo-, comienzan a tener un horrible paralelismo en nuestra actualidad.
“Tengo mujer y tres hijos. El mayor de ellos no tiene todavía seis años. Podéis coger a los cuatro y cortarles el cuerpo delante de mí y yo lo contemplaré sin rechistar. Pero no me llevéis a la habitación 101.”
1984 - George Orwell (1949)

Bien podríamos poner el ejemplo del soldado americano Bradley Manning -la heróica fuente que reveló a wikileaks el cablegate y los iraq war files-, como una auténtica realidad distópica: encerrado en una cárcel de alta seguridad en Quantico (Virginia) -un perfecto Ministerio del amor norteamericano-, tras meses de confinamiento sin juicio, es sometido a un trato aun más degradante que el sufrido por los prisioneros de Guantánamo. Privado de movilidad, espacio y comodidad básica, comunicación verbal o incluso de la propia ropa, Manning -según la poca información que tienen sus allegados más cercanos- se encuentra en un estado cercano a la catatonia tras meses de trato inhumano, con la única pretensión posible de desollarlo de su humanidad, de su mente… el único bastión que supusimos le queda siempre a un hombre libre.
“Te estás pudriendo, Winston. Te estás desmoronando. ¿Qué eres ahora? Una bolsa llena de mierda. Mírate otra vez en el espejo. ¿Ves eso que tienes enfrente? Es el último hombre. Si eres humano, ésa es la Humanidad.”
1984 - George Orwell (1949)
Mientras el imperio pretende hacer leña del Gadafi caído -para a asegurarse el suministro de petroleo-, la mayoría de la gente aun ni siquiera comprende la magnitud de todo lo sucedido en torno al fenómeno de Wikileaks. Desde las revoluciones en el norte de África y Oriente Medio a la ira generalizada contra políticos, corporaciones y bancos: medio mundo clama por un cambio radical mientras el otro medio cambia de canal o se dedica al puro doblepensar.
“Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas, emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia; olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante, recurrir a ello, volverlo a traer a la memoria y luego olvidarlo de nuevo; y sobre todo aplicar el mismo proceso al procedimiento mismo. Esta es la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no reconocer que se había generado un acto de autosugestión. Incluso comprender que la palabra doblepensar, implica el uso de la doblepensar.”
1984 - George Orwell (1949)
“La televisión, esa bestia insidiosa, esa medusa que convierte en piedra a millones de personas todas las noches mirándola fijamente, esa sirena que llama y canta, que promete mucho y en realidad da muy poco.”
Fahrenheit 451 - Ray Bradbury(1953)

De los medios de masas a los centros comerciales, gustamos de adquirir productos fabricados por mano de obra esclava en este totalitarismo consumista que, como antaño lo hizo el comunista, atonta a las sociedades mientras caen dulcemente en la regresión absoluta de sus derechos y conquistas como pueblos. Huxley advertía allá por el año 1932 contra todo tipo de totalitarismo avanzado, en el prólogo de su genial Un mundo feliz:
“Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre.”
Espantosamente cercana a nuestra actual situación económica mundial, esta última cita arroja luz sobre nuestro servilismo y complicidad primermundista hacia las situaciones más aberrantes a lo largo del globo. Iraq, Afganistan, Libia… son sólo los ejemplos mediáticos donde Oceanía lucha con Eurasia o Asia Oriental. La desgracia de nuestra realidad va mucho más allá, envolviendo cada pequeño acto cotidiano de un halo de decadencia global y tensión social acumulada. Los estallidos populares se suceden mientras la plutocracia hace oídos sordos a la fuente y razón real de las quejas; prometen una y otra vez ideas gastadas, antidemocráticas, liberticidas y genocidas… todas bajo disfraces de modernidad.
-¿Por qué está prohibido? [Leer a Shakespeare]
- Porque es viejo
- ¿Aun cuando sea bello?
- Sobre todo cuando es bello. La belleza es atractiva, y no queremos que el pueblo se sienta atraído por las cosas viejas. Queremos que le gusten las nuevas.
Un mundo feliz, Aldous Huxley (1932)
Pero no todo es tan horrible: precisamente aceptando la teoría de supercuerdas sabemos que, al igual que hemos llegado aquí por nuestros propios actos, podemos abandonar este universo, elegir uno nuevo cada instante. Ser realmente conscientes de que cada microscópico acto de nuestras vidas marca una diferencia en el cómputo global de la realidad, es un acto verdaderamente deconstructor: derriba estrepitosamente la idea establecida de que un individuo, por si sólo, no puede marcar diferencia alguna.
La mecánica cuántica establece que, en caso de que la teoría de cuerdas sea acertada, se desencadenan todas las posibilidades que pudiesen acontecer por cada suceso: sólo elegimos en cual de esas posibilidades adentrarnos. Cada una de las vidas de este planeta es un fractal del alternativas añadidas al camino conjunto, a este universo en el que estás leyendo este post y a las infinitas posibilidades que se abrirán cuando acabes de hacerlo.

Puede que el futuro sea mucho más desilusionante de lo que imaginamos antaño, o que se acerque mucho a los peores pronósticos que nos dejaron los intelectuales del siglo pasado, pero si hay algo que la ciencia parece confirmar es que nada está escrito: el porvenir lo construimos entre todos. Todas nuestras acciones, batallas, entusiasmos, influencias, movimientos, conductas o procederes… dejan marca en este mundo y son, en definitiva nuestra mejor y única máquina del tiempo hacia un futuro mejor.
Piensa un poco en ello y alégrate. ¿Las cosas están mal? sí, pero tú acabas de ganar un enorme poder (y con él su responsabilidad) para enfrentarte a ello.
Existe un universo donde no has leído esto y aun no sabes que todo depende de tí.
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