6 / 2 / 2011

Recortar tus derechos: un negocio redondo.

¿Escuchaste que se cortaron las comunicaciones en Egipto?

Que nadie se engañe, no se cortan las comunicaciones de un país así, por las buenas, con un por favor y un gracias.
Existe un suculento y rentable sector en las tecnologías de control de la información (A.K.A. Vigilancia y Censura) copado por empresas estadounideses, canadienses e israelíes al que acuden desde déspotas a ejemplares gobiernos de todo el globo.

Si dispones de suficiente pasta y quieres controlar situaciones ¿complicadas? un Centro de Operaciones Psicológicas es tu juguete ideal.

¿Qué demonios hace un Centro de Operaciones Psicológicas? básicamente centralizan y otorgan el control de las comunicaciones y la información a quien los posee, dando mayor rango de influencia sobre un objetivo durante una crisis (guerras, revueltas, etc). Pueden, por ejemplo, anular y controlar casi todas las trasmisiones de internet, teléfono, radio y televisión y ponerlas en manos de un gobierno o un ejército. Pueden también dirigir operaciones psicológicas para conseguir apoyo civil en enfrentamientos militares o incluso para desarrollar la flexibilidad de la población ante medidas impopulares, así como para conseguir conductas complacientes hacia asuntos de seguridad nacional. Pueden ser usados para la influencia o toma de control de mercados y ministerios.

En algunas de estas empresas se pueden incluso contratar extras curiosos, aunque espeluznantes: Unidades de Rumores, de Coordinación Cultural, etc. Con un Centro de Operaciones Psicológicas potente se pueden copar y monitorear las trasmisiones, se puede controlar archivos informatizados centralizados y sistemas de memoria, se pueden usar también para dirigir a la policía o el ejército, para manejar masas y situaciones descontroladas…

Por ejemplo, el principal proveedor de comunicaciones en Egipto depende del control de información en tiempo real para servicios de inteligencia creado por Narus, una corporación de California -actual propiedad de Boeing- que vendió a Telecom Egypt equipos DPI, cuya tecnología sirve para filtrar la información de las redes y que permite inspeccionar, rastrear y ubicar contenidos y usuarios de Internet y/o teléfonos móviles.

Narus, fundada inicialmente por israelíes, crea y vende sistemas de supercomputación para la vigilancia y control de masas, comunicaciones y empresas en tiempo real, servicios solo al alcance de gobiernos y grandes corporaciones. Los directivos de la compañía se jactan de poder conseguir un control y supervisión absoluto de cualquier red, por encima de protocolos, sistemas de seguridad y, obviamente, derechos individuales.

“Todo lo que viene a través de una red de protocolo de Internet, nosotros podemos grabarlo”

“Podemos reconstruir todos sus correos electrónicos con archivos adjuntos, ver en qué páginas web han hecho clic; podemos reconstruir sus llamadas”.

Steve Bannerman, vicepresidente de marketing de Narus

Narus (EE.UU.), Zeugma (Canadá), Camiant (EE.UU.), Procera Networks (EE.UU.), Allot (Israel), Ixia (EE.UU.), AdvancedIO (Canadá) y Sandvine (Canadá), etc… todas ellas corporaciones que proponen un control orweliano de la información, percepciones y reacciones de la gente, para así poder controlar “la realidad”. 

Fabricar ilusiones colectivas de la realidad o controlar la misma por la fuerza: este es el fin último que estas empresas prometen conseguir para sus clientes.

Vodafone, otra de las grandes empresas de comunicación en Egipto, no tuvo demasiados problemas con sacar rápidamente a sus trabajadores extranjeros del país, o con ceder el control de sus sistemas a Mubarak. Hasta que el dictador usó los sistemas de Vodafone desde sus Centros de Operaciones, para envíos masivos de SMS a la población, la multinacional no se encabronó demasiado con él. …poco después denunciaron el uso fraudulento de sus sistemas por parte del régimen: amigo, tócame los cojones, pero no juegues con ellos.

A pesar de todos estos desmanes gubernamentales o corporativos hemos visto como el pueblo egipcio se las ha apañado para saltarse el corte o la censura de las comunicaciones. Una muestra del poder que tiene el esfuerzo colectivo.


La conclusión que nos arroja todo esto es bien sencilla: las redes pueden controlarse porque aun están más o menos centralizadas. Pero, ¿quién vigila al vigilante?

Es hora de cambiar ese modelo y convertir los sistemas de control de masas en algo obsoleto: nosotros, el pueblo, somos el único sistema y deberíamos estar vigilándoles a ellos.

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