Un proyecto de Lockheed Martin llamado “seedbomb” se está haciendo viral por internet debido a su mezcla efectista de pseudoecologismo y pseudofuturismo. El proyecto consiste en usar bombas de racimo biodegradables que planten miles de árboles por vía aérea en un tiempo record:
Suena fantástico a priori y sería ideal si no fuese porque es puro marketing y lavado de cara para las tecnologías de guerra desarrolladas por Lockheed Martin. Tecnologías como sus minas terrestres, sus aviones de guerra o sus misiles y bombas, que han causado incontables muertos por todo el planeta (recordemos, por aquello de no ser ajenos a la viga en el ojo propio, que España es otro de los grandes productores de minas antipersona).
En esta estrategia de marketing Lockheed Martin básicamente roba el concepto ecologista de las seedbombs (semillas envueltas en bolas de barro que las protegen en las primeras etapas de crecimiento y se deshacen con la lluvia y el tiempo). Obviamente, el ecologista es un concepto mucho más sostenible y practicable que no necesita de grandes bombarderos ni de sus ingentes cantidades de combustible para ser llevado a cabo, tampoco ha necesitado desarrollar sistemas para matar personas para funcionar o proponer la idea…
Pero claro, una seedbomb de verdad es una bola de barro y mola menos que una bonita y aséptica bomba blanca…
…hasta que te paras a pensar que esa bomba blanca es el resultado de la muerte de mucha gente inocente.
La próxima vez que vayas a dar publicidad gratuita a una multinacional así, extendiendo su maquillaje corporativo, párate a pensar un segundo en qué implica aquello a lo que estás dando crédito.
El futuro no es de las corporaciones, el futuro está en tus manos.
“He servido durante 30 años y cuatro meses en las unidades más combativas de las fuerzas armadas norteamericanas: en la infantería de marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado al servicio de los grandes negocios del Wall Street y sus banqueros. En una palabra, he sido un pandillero al servicio del capitalismo. De tal manera, en 1914 afirmé la seguridad de los intereses petroleros en México, Tampico en particular. Contribuí a transformar a Cuba en un país donde la gente del National City Bank podía birlar tranquilamente los beneficios. Participé en la “limpieza” de Nicaragua, de 1902 a 1912, por cuenta de la firma bancaria internacional Brown Brothers Harriman. En 1916, por cuenta de los grandes azucareros norteamericanos, aporté a la República Dominicana la “civilización”. En 1923 “enderecé” los asuntos en Honduras en interés de las compañías fruteras norteamericanas. En 1927, en China, afiancé los intereses de la Standard Oil.” “Nos ha ido bastante bien con Luisiana, Florida, Texas, Hawái y California y el Tío Sam puede tragarse a México y Centroamérica, con Cuba y las islas de las Indias Occidentales como postres y sin intoxicarse”. “Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, operé en tres continentes. El problema es que cuando el dólar estadounidense gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera.”
Hoy traigo un gran artículo ajeno (descubierto gracias a Menéame) sobre el tema que inspira este blog. Es un artículo largo, pero aglutinado y escrito de manera casi impecable, por lo que te recomiendo que inviertas un rato en su lectura: realmente merece la pena.
Por Carlos Ruíz García
Uno de los inviernos más fríos de los que se recuerdan en Rusia, aquel que se dio a finales del año 1917, fue el marco elegido por los parias de la tierra para levantarse contra la tiranía, la injusticia y la desigualdad, que representaba la Rusia del Zar. No obstante, no fue por inspiración divina o marxista que la famélica legión se alzó, tiempo hacía que las ideas del alemán Karl Marx fueron sutilmente transformadas por un individuo llamado Vladimir Ilich Ulianov, conocido por el nombre de Lenin. De manera que la revolución que debía ser llevada a cabo por la clase obrera tal y como escribió Marx, sería planificada y realizada, según las ideas de Lenin, por una élite intelectual y formada surgida de la clase obrera y constituida en un Partido llamado bolchevique. Con este leonino zarpazo se eliminó por tanto toda posibilidad democrática que pudiera haber tenido la revolución, puesto que para acceder a la administración era necesario pertencer a la élite intelectual, algo que a priori pudiera resultar comprensible y lógico, pues nada más racional que un gobierno de sabios, mas no podemos olvidar que estamos hablando de seres humanos, y al final el filtro de acceso no dependía de la inteligencia sino de quién eras amigo, y de cuánta vaselina estabas dispuesto a recibir, en definitiva, disciplina de partido y “sí bwana”.
En esos mismos días de la Revolución, un estadounidense llamado William Boyce Thompson, el mayor accionista del Chase Manhattan Bank, aparecía continuamente en los periódicos como ejemplo del hombre que se hace a sí mismo, del americano temeroso de Dios y patriota, de los que todas las noches sueñan con un águila calva sobrevolando las Rocosas. Lo que la prensa intentaba “omitir”, pues sólo aparecen vagas referencias numéricas escondidas en la sección de bolsa e inversiones, era que este individuo transfirió fondos en diciembre de 1917 por valor de un millón de dolares, de Nueva York a Petrogrado, ésta última, ciudad donde se encontraba el Comité Militar Revolucionario (cuyo presidente era León Trotski). Este dinero fue enviado con el objetivo de ayudar a la consolidación y expansión de los bolcheviques, ya que hasta ese momento únicamente controlaban Moscú y Petrogrado. Por tanto, fondos estadounidenses, en este caso los de William Thompson (hubo muchos más) enviados desde Wall Street hacia los bolcheviques.
Tras la Primera Guerra Mundial y una Guerra Civil, Rusia estaba prácticamente aniquilada, su producción industrial era apenas un 10% de las cifras de 1913. En 1923, Lenin inicia la Nueva Política Económica o NEP para intentar reactivar al país, pero si nos fijamos detenidamente observaremos que la mayor parte de las industrias fueron reconstruidas por corporaciones extranjeras, principalmente británicas, alemanas y estadounidenses. Así, por ejemplo nos encontramos con que la Planta Gorki que fabricaba vehículos GAZ, una planta por tanto, con potencial militar, fue reconstruida por la Ford Motor Company, y durante muchas décadas continuó recibiendo material desde los Estados Unidos, de manera que muchos años después, durante la Guerra de Vietnam se produjo una curiosa situación en la que los pilotos estadounidenses que sobrevolaban la ruta Ho Chi Minh (territorio del Vietcong, el cual a su vez estaba aprovisionado por la Unión Soviética) afirmaban ver vehículos militares estadounidenses conducidos por norvietnamitas; lo que sucedía realmente, era que estos vehículos eran construidos en la Planta Gorki, y ésta como mencioné fue reconstruida por la Ford, y recibía continuamente materiales estadounidenses. Por tanto tenemos una situación en la que los Estados Unidos estaban aprovisionando a ambos bandos, directa e indirectamente.
Regresando al apasionante período de entre guerras, observamos otras muestras ¿extrañas? de solidaridad empresarial, y por tanto estatal (no aprecio diferencia) entre otros países. Y es que, Rusia no fue la única perjudicada tras la Gran Guerra, Alemania acabó prácticamente ahogada tras el enorme esfuerzo bélico, a lo que habría que sumar unas sanciones humillantes y desproporcionadas impuestas por el bando vencedor. La crisis del 29 no vendría sino sumar más miseria y pobreza a una situación ya de por sí paupérrima e insoportable. En este caldo de cultivo, al que habría que sumar otras muchas causas y variables (el mismo Borges lo explica en clave dialéctica), triunfa democráticamente Adolf Hitler en las elecciones de 1933. Como diría un profesor mío citando a la Conferencia Episcopal, somos personas humanas, y por lo tanto con espíritu racional y crítico, lo que nos obliga a pensar; naturalmente, el nacionalsocialismo es como todo fascismo un movimiento de masas, tal y como fue el de Mussolini. Paradójicamente, los movimientos de masas no suelen surgir de forma espontanea, siempre suele haber un líder o un grupo que los promueve bien públicamente, bien en la oscuridad, por esta razón siempre recelo de todo movimiento que se auto nombra como espontaneo y natural.
En el caso alemán, la gran masa desesperada y humillada fue aglutinada por Adolf Hitler y su partido, pero la pregunta que debemos hacernos es ¿quienes financiaron a este personaje y su campaña política hasta hacerlo tan popular?. Si investigamos y leemos un poco sobre el asunto, podremos advertir muchos nombres que participaron económicamente en el engrandecimiento del partido nazi, uno de ellos es el de Henry Ford; él mismo que unos años antes había reconstruido la Planta de Gorki en la Unión Soviética, ayudando por tanto a los comunistas. Henry Ford escribió un libro llamado “el judío internacional, el mayor problema mundial” que era uno de los libros de cabecera de Hitler, de hecho Hitler tenía un cuadro de Henry Ford en su despacho (hay numerosas fotos donde se ve). En 1938, Henry Ford recibió la Cruz de Hierro del mismísimo Hitler por su ayuda al embrionario partido nazi (de esta escena también existen cuantiosas fotografías).
Otras corporaciones que ayudaron económicamente a los nazis fueron IG Farben (actual Bayer AG; efectivamente, la de la aspirina), y German General Electric que se encontraba bajo el control de la General Electric de los Estados Unidos. Pero sin duda, una de las colaboraciones indirectas más importantes para el desarrollo de la futura Guerra, fue la alianza técnica entre la americana Standard Oil y la alemana IG Farben: es bien sabido, que Alemania no poseía ni posee recursos petrolíferos, por lo tanto era necesario si se quería mantener una guerra a largo plazo conseguir un suministro continuado de petroleo. La petrolera Standard Oil, se comprometió no sólo a venderle el petróleo que esta industria alemana necesitara, sino también a venderle la patente del tetraetil (necesario para aumentar el octanaje de la gasolina para aviación) y de la gasolina sintética. A su vez, IG Farben le vendió la patente del caucho sintético (necesario para un sinfín de productos, entre ellos los neumáticos, vitales para los vehículos de guerra). Sin este acuerdo, hubiera sido imposible para Alemania mantener durante tantos años una guerra, pues hubiera carecido de la gasolina necesaria (no olvidemos que una de las principales obsesiones de Hitler era la conquista de Stalingrado, pues se encontraba en la ruta que llevaba a los yacimientos petrolíferos del Caúcaso). Por su parte Standard Oil hizo también un gran negocio, pues cuando los Japoneses invadieron gran parte del Extremo Oriente se hicieron con la principal zona productora de caucho, de manera que Standard Oil pudo vender su caucho sintético a precio de oro.
Ante esta ayuda mutua de empresas estadounidenses y alemanas antes y durante la guerra, el gobierno de los Estados Unidos de América no movió un solo dedo, aún sabiendo que algunos grandes empresarios de su país, estaban ayudando económicamente a las industrias del bando enemigo y por tanto alargando un conflicto bélico en el que tantos jóvenes de su mismo país morían año tras año, gracias entre otras causas, a ese soplo de aire que estas multinacionales americanas daban al supuesto rival. Curioso ¿verdad?.
Tal vez ahora podamos entender porque todas las fábricas de propiedad alemana pertenecientes a un sector estratégico (electricidad, petro-química, armamento) fueron bombardeadas y destruidas, mientras que aquellas otras de propiedad mixta (con gran cantidad de capital estadounidense) pero igualmente vinculadas a sectores estratégicos no fueron bombardeadas, como fue el caso de la German General Electric (filial de la General Electric de los Estados Unidos). De las diez plantas de la General Electric en Alemania, ninguna fue atacada, por tanto tenemos el caso de una industria estratégica que debió ser bombardeada, y no lo fue. Su sello de propiedad americana la salvó. Exactamente igual ocurrió con la Planta Ford de Colonia, que fabricaba carros blindados; tampoco fue bombardeada. Estas bombas fueron reservadas para una población civil, compuesta por muchas personas (entre ellas niños y niñas) que no habían estado en absoluto involucrados en el movimiento nazi, al contrario que muchos grandes empresarios, americanos como Henry Ford, que no solo estaban involucrados sino que además se jactaban de ello, y que nunca recibieron castigo, sino abundantes ganancias y beneficios.
Desolador páramo el que hemos recorrido. Sea como fuere, las preguntas que en consecuencia surgen del abismo son inevitables: ¿Cómo es posible que un país capitalista permita que se envíen fondos para ayudar a un movimiento que proclama la destrucción del sistema capitalista?. ¿Cómo un empresario de la banca puede financiar una Revolución comunista?, ¿Por qué Henry Ford, un filofascista, no tenía ningún reparo en intervenir económicamente en la Unión Soviética?. Más aún, ¿por qué un estado que se considera así mismo comunista, y adalid de la lucha contra el capitalismo, permite que empresas privadas y capitales igualmente privados “ayuden” a la financiación del partido bolchevique, reconstrucción y posterior construcción de su paraíso marxista-leninista?. ¿Por qué el gobierno de los Estados Unidos no hizo nada para evitar que gran parte de su tejido empresarial colaborara abiertamente en el fortalecimiento de la industria alemana antes y durante la Segunda Guerra Mundial?. ¿Cómo podía enviar a sus jóvenes a luchar contra un “enemigo”, al que por otra parte le estaba suministrando gasolina y electricidad?.
Tal vez, el error principal que cometemos, causa de nuestro asombro ante todo lo visto anteriormente, está en considerar que la élite política y empresarial tiene una ideología definida, fija e inamovible, y que existe una clara dicotomía en su mentalidad que los diferencia en capitalistas y comunistas, demócratas y dictadores. Dicha ideología no es más que pura fantasía, la élite empresarial, dueña de las grandes entidades financieras, industrias petrolíferas y armamentísticas, industrias energéticas y farmacéuticas, y grandes medios de comunicación, son como el general Renault de Casablanca, al que continuamente preguntan: “General, ¿usted está con los alemanes o con los aliados?.” Y el General Renault con una sonrisa diplomática y oscura responde: “yo voy con el viento.” Y si el asombro aún persiste, no olvidéis las palabras que Solozzo el turco, le dice a Michael Corleone en relación a por qué mandó disparar a su padre Vito Corleone: “No es nada personal, sólo son negocios.”
Preguntas semejantes surgen actualmente cuando vemos a un gobierno como el español, elegido por el pueblo, tomar decisiones completamente ajenas a los intereses de sus votantes, tanto en la legislatura anterior (PSOE), como en el actual del ¿señor? Rajoy. Cómo es posible que en una crisis provocada en su mayor parte por una casta económica privilegiada, que literalmente juega con nuestro dinero según sus intereses, deba ser padecida y solucionada únicamente por las clases medias y bajas, mientras ésta élite bramánica sale no sólo sin castigos, sino además reforzada gracias a la prostitución y al ataque sin cuartel al que se está sometiendo a la administración pública, para que poco a poco se vayan privatizando dos grandes pilares de lo público como son la sanidad y la educación, y así esta élite pueda captar estos dos mercados indispensables, que hasta ahora han sido públicos y por tanto intocables. ¿Cómo es posible que seres tan ruines como Botín se paseen por nuestra sociedad con la cabeza bien alta?, ¿cómo podemos permitir que exista un tribunal constitucional completamente politizado y corrupto? Mientras ocurre todo esto, la justicia se desprende de su venda para contemplar una preciosa puesta de sol, en el chalet que le acaban de regalar en un terreno recalificado y no urbanizable de algún lugar de cuyo nombre no quiero acordarme de España, el país de la Patraña. La élite se retroalimenta, se protegen entre ellos, y al fin y al cabo te das cuenta de que esos que se suponen los representantes del pueblo, no son sino los representantes de esa élite/casta político económica, los cuales a su vez se encargan de financiar las campañas políticas de estos gobernantes y reconducir la opinión del pueblo mediante sus medios de comunicación. Un círculo de infamia, vergüenza y corrupción. Pero tranquilos, la Roja es campeona de Europa y del Mundo, Panem et Circenses y todos orgullosos de esta caricatura de país y democracia.
Nuestro enemigo es peligroso, serpentea de aquí a allá, no se le escucha, no se le ve venir, pero siempre surge, es un ente que pudiera parece fantasmagórico. No cree en ninguna bandera ni en ningún Estado, su único Dios es el dinero. Y con este dogma desenvuelve su vida, y la de los demás. Creemos vivir en un mundo que conocemos, pero es mucho más complejo, oscuro y tenebroso de lo que nuestras conformistas y cómodas mentes creen. Idiotizados por unos medios de comunicación controlados por esta élite económica cuya misión es desinformar. Fríos y estoicos como nos estamos volviendo con el paso del tiempo, drogados de un materialismo compulsivo que roza la enfermedad, anestesiado nuestro espíritu crítico y adormecida nuestra visión de la realidad, insensibilizados y sin compasión ante las grandes injusticias y barbaridades que se cometen cada segundo en nuestro mundo. Deshumanizados, mirando continuamente con un frío corazón de piedra una pantalla de móvil o de ordenador que nos hace creernos más interconectados, aunque realmente nos aísle, y enfríe nuestras relaciones con el prójimo, que narcotiza a los críos hasta el punto de preferir quedarse en casa aislado con su ordenador o su móvil, antes que salir a la calle a ver mundo, a relacionarse y a vivir. Nos estamos convirtiendo poco a poco, en lo que esa élite desea, en seres aparentemente activos y colectivos, pero realmente fríos, vacíos, frívolos, solitarios y conformistas. Quisiera acabar recordando el discurso que el gran Chaplin expuso en El gran dictador:
[Este texto, originalmente escrito en 2004, ha sido publicado de manera permanente desde 2005 en los sucesivos blogs de Psicópatas Corp., si deseas difundirlo, por favor, respeta la licencia Creative Commons a la que está acogido no modificándolo y citando la fuente y el autor]
¿CRISIS?, MIÉNTEME MIENTRAS CONSUMO
Nos dijeron que todo había acabado.
…tras la caída del muro del Berlín y el derrumbe de la URSS la democracia liberal había triunfado y llegaba el “fin de la historia”. El Capitalismo era el mejor de los sistemas conocidos y probados, así como el más avanzado y respetuoso con el individuo. La democracia liberal ponía el poder en manos del pueblo y el libre mercado se encargaría de todo lo demás…
Nos mintieron.
El poder de las naciones nunca estuvo verdaderamente en las manos del pueblo. El mercado y SU libertad solo trajeron las mismas o nuevas esclavitudes, dependencias y desgracias. No existe una verdadera libertad sin justicia y sin democracia ni justicia la libertad se convierte en la mayor de las tiranías. Cuando el poder de los gobiernos ha sido entregado a las mega corporaciones transnacionales y a instituciones cerradas y no democráticas (FMI, OMC, Banco Mundial o la Comisión Europea…) ya no hablamos de dimensiones nacionales sino planetarias. La llamada “globalización” neoliberal ha otorgado una influencia y poder a las corporaciones transnacionales que sobrepasó hace mucho al de los estados, ya sean despóticos o democráticos. Dichas corporaciones, es decir sus propietarios (a menudo más ricos que muchos estados) suelen suponer la principal fuente de financiación de casi todos los partidos políticos, allá donde existe la democracia, consiguiendo estar por encima de las leyes y del propio sistema. En otras ocasiones suponen el mayor apoyo para los dictadores y gobiernos despóticos en países del tercer mundo.
LA GRAN MASCARADA
La información distorsionada de los medios -propiedad de las corporaciones- y una cultura oficialista -escrita siempre por los vencedores- nos hace difícil saber si alguna vez existió una verdadera democracia en algún lugar. Lo cierto es que si existió hace mucho que dejó de ser real. La democracia actual es ficticia pues los verdaderos responsables de las organizaciones con poder no son elegidos y nadie nos informa de verdad sobre lo que hacen. Los estados han perdido su poder hasta verlo reducido a simples “acuerdos” de los que no se nos suele decir nada. Los tratados elaborados en los últimos tiempos (como el NAFTA, GATT, OMC, NTM, AMI…) sirven para completar, paso a paso, el traspaso del poder a organizaciones antidemocráticas. Podemos seguir votando pero nuestros votos ya casi no tienen un poder verdadero. Las diferencias entre “derecha” e “izquierda” prácticamente no existen pues solo se puede elegir entre dos maneras de llevar a cabo un mismo modelo de sistema: el nuevo modelo de la esclavitud. Poco a poco la información se ha ido degradando y desapareciendo, al igual que la democracia, al ser desligada de todo contenido. Solo se nos venden modelos perfectos e imposibles de alcanzar. El empirismo, el escepticismo y la veracidad han sido prácticamente enterrados dando fe del coma profundo en el que está sumido el cuarto poder.
AMOS Y SEÑORES
¿Es todo esto una conspiración?En absoluto. Más bien una simple confluencia de planes y objetivos.
Los actuales responsables de casi todas las altas instancias tienen un denominador común marcado por su poder económico y estrato social. Comparten una misma visión del mundo y su futuro, es obvio que usen su poder para perpetuar su posición. Han debilitado nuestro poder democrático con la privatización de los servicios públicos, han dividido los estados en diferentes sectores rentables para las empresas privadas, han convertido el trabajo en inestable y precario obligando a condiciones cada vez peores. Reducen las medidas sociales para obligarnos a que aceptemos cualquier cosa. Puesto que las relocalizaciones no funcionan (ya que no sacan de la pobreza a todos aquellos países a los que prometieron tiempos mejores) nos obligan a todos a un futuro de precariedad, inestabilidad y paro.
Los pocos privilegiados, dueños de las mega corporaciones transnacionales, que se lo pueden permitir se blindan progresivamente con poderes semejantes o mayores a los estados mediante armamento, mercenarios, satélites, redes de información y comunicación, posesión de datos confidenciales y posibilidad de constitución como institución judicial (existen acuerdos mediante los cuales una corporación puede demandar a un estado ante una corte internacional especial). La industria armamentística aspira, a corto o medio plazo, a sustituir las fuerzas armadas de los estados por empresas privadas. A largo plazo podrían llegar a tener tanto poder como para someter a los estados. De todos modos el actual papel imperial de los Estados Unidos y su dependencia de las corporaciones armamentistas no nos alejan mucho de esa situación.
¿UN NUEVO SIGLO?
La realidad actual es la de un mundo en el que tan solo importa el dinero. Gobernados por una plutocracia mundial que tiene sus propios foros y reuniones secretas, nos vemos evocados a vivir bajo un nuevo y moderno sistema de esclavitud, saturada de irrelevancias y basura, tanto material como mediática.
Nos han vendido un sueño imposible que se está tornando en pesadilla, degradando nuestro entorno y creando nuevos enemigos eternamente, que justifiquen las guerras que hacen funcionar la máquina. El punto de no retorno ecológico está a punto de ser sobrepasado, si no lo ha sido ya, condenando a nuestra descendencia a un futuro incierto, que beneficia a los amos y señores pues perpetúa nuestra dependencia hacia ellos (medicamentos, alimentación, servicios, infraestructuras…). Alejar al ser humano de su medio natural, de lo que le da sustento y otorga su medida es algo codiciado por los amos y señores pues ven un gran peligro para sus posiciones en que las personas piensen por si mismas, actúen por si mismas y puedan creer en un orden más justo. Todo aquel que pretenda algo siquiera parecido será tildado de “antisistema” o “pro-terrorista”. La historia es progresivamente enterrada y rescrita para responder a los objetivos fijados.
¡¿Y AHORA QUÉ?!
Existe una resistencia mundial, cada día mayor, que se niega a entregar su libertad y su seguridad a la plutocracia mundial. Desde todos los lugares del globo, con ideas diferentes y de todos los orígenes existen, existieron y existirán mujeres y hombres que se oponen a la pretensión de un gobierno mundial que no sea justo, democrático y solidario. Si no ha de ser así será mejor que este sencillamente no sea. Millones de personas a lo largo y ancho del planeta piensan que OTRO MUNDO ES POSIBLE y están dispuestas a trabajar por conseguirlo. Si quieres saber más sobre sus esfuerzos o aquello que está relacionado con su resolución de ser libres e independientes puedes visitar alguno de estos enalaces:
No se puede pensar que invadir países sale gratis. No se puede pensar que semejante acto de barbarie no tendrá consecuencias.
No se puede pensar que reprimir y esclavizar deba ser el modo en que conseguimos lo que deseamos. Dicen: “ojos que no ven, corazón que no siente”, pero se han olvidado de aquellos a los que nos queda la memoria.
Llenamos los depósitos de nuestros coches, cada día, con sangre de todos los rincones del planeta. Sangre que de tan espesa y quemada se ha vuelto negra y con olor a gasolina.
Tiramos comida por toneladas cada día, esa misma comida que negamos a miles de millones de seres iguales a nosotros. ¿De verdad esperas que la gente se quede tranquilamente a morir de hambre en sus casas?, ¿crees que se quedarán mirando tras la frontera como un indigente mira tras la cristalera de un restaurante?
Cuando nos resfriamos tomamos dos aspirinas. Hoy todavía hay muchos lugares donde la gente muere a causa de enfermedades curables.
Nos armamos hasta los dientes con pistolas, cañones, tanques, aviones, misiles… …mientras le contamos al resto que ellos no pueden hacerlo: los buenos somos nosotros.
Pensamos “el terror no tiene justificación” cuando lo que no tiene justificación son nuestros terrores. Sobre todo porque normalmente nadie quiere enfrentarse a ellos.
Llevamos cientos de miles de años progresando sobre el sufrimiento de los demás.
Llevamos cientos de miles de años controlados por “jefes de la manada” cuando somos muy conscientes de que dichos jefes solo valen para ostentar ese poder y servirse de él cuando lo poseen.
Vivimos porque muchos mueren en este sistema pestilente.
Este sistema que hiede a amor calcinado; que a menudo me hace llegar a las náuseas, un olor a carne lacerada desde cada rincón del planeta que no me deja dormir. Necesito alejarme. Constatar que hay gente que aún no vive en 1984. Porque sobre todo odio el terrorismo: el organizado y el de estado. Me duelen todos y cada uno de los inocentes que mueren en este mundo.
¿Sabes?… …Cada tres segundos muere un niño.
1, 2, 3.
1, 2, 3.
1, 2, 3…
Hay un cálculo de esos segundos para gente como tú. Y para gente como yo.
Cada instante uno menos en esta lotería demencial del progreso acelerado donde ya no nos espantamos de nada ni tenemos nada en que creer.
Es tanta la costumbre de la sinrazón…
Pero cada día menos gente vive engañada. Da igual que sea en Iraq, en Egipto, en USA, en China, en Europa… Da igual porque cada día más perdedores de la lotería (y somos la inmensa mayoría) se cansan de jugar.
Y al final hay a quien le va tocar quedarse todas las papeletas…